El blog de Nature Center
Los abetos y sus especies afines son casi indispensables en nuestras maquetas de estilo europeo o de alta montaña, como pueden ser los Pirineos, las sierras del sur de Andalucía, el Montseny y otros muchos paisajes.

Fabricar abetos no es una tarea fácil. A diferencia de muchos árboles, cuya estructura se concentra en un tronco y una copa, los abetos presentan ramas distribuidas a lo largo de buena parte del tronco. Reproducir esta estructura a escala, conservando al mismo tiempo un aspecto natural y realista, supone un verdadero desafío.

En muchos modelos fabricados en serie, las ramas se orientan excesivamente hacia abajo, siguiendo la silueta típica de un árbol de Navidad. En ocasiones, el resultado recuerda más a un limpiabiberones que a un árbol real.

En Nature Center buscamos una silueta diferente, más próxima a la de algunos alerces, árboles muy característicos de determinadas zonas de los Pirineos orientales. No se trata de afirmar que todos los abetos deban tener una misma forma, sino de ofrecer árboles con una personalidad propia y una apariencia más natural.
Modelismo
Algunas coníferas pueden alcanzar alturas de varias decenas de metros en su medio natural. Sin embargo, no siempre conviene reproducir esas dimensiones directamente en nuestras maquetas.
Un árbol de 50 metros de altura mediría aproximadamente 57 centímetros a escala H0. Aunque esta medida puede resultar adecuada para determinados ejemplares, en muchos casos preferimos trabajar con alturas de entre 12 y 20 centímetros.

¿Por qué? Porque muchos de estos árboles se sitúan en las zonas más alejadas de la maqueta. Allí, la perspectiva, la profundidad y la sensación de distancia son fundamentales para conseguir un paisaje convincente. Un árbol demasiado grande puede romper ese efecto, mientras que una vegetación bien proporcionada ayuda a crear una mayor sensación de amplitud.
En modelismo, no siempre el árbol más grande es el que mejor representa el paisaje.
Los alerces
El alerce europeo (Larix decidua), originario de las montañas de Europa central y especialmente característico de los Alpes y los Cárpatos, posee una particularidad que lo distingue de la mayoría de las coníferas: es de hoja caduca.

Sus finas acículas cambian de color durante el otoño, pasando del verde a tonalidades amarillas doradas y, en ocasiones, cobrizas, antes de caer al suelo. Esta transformación nos ofrece interesantes posibilidades para reproducir diferentes momentos del año en nuestras maquetas.
Por eso, en Nature Center podemos ofrecerles alerces con distintas tonalidades, tanto de verano como de otoño, para que cada modelista encuentre la vegetación que mejor se adapte al paisaje que desea representar.


El taller
1. La silueta. Tiene una forma cónica y esbelta, con una punta bien definida. La copa no parece un cono geométrico perfecto, y eso es importante para reproducir un árbol real.
2. La irregularidad de las ramas. La distribución de las ramas y sus volúmenes rompe la simetría. Ese aspecto ligeramente desigual le da personalidad y evita que parezca un árbol fabricado en serie de forma industrial.
3. El color y la densidad. El verde oscuro transmite la sensación de una conífera adulta. La vegetación tiene suficiente volumen para que el tronco y las ramas no dominen visualmente el conjunto.
¿Preparas tu próxima maqueta? Cuéntanos tu proyecto y te ayudamos a elegir la vegetación perfecta para cada rincón.
Escríbenos por WhatsApp